Contar calorías sin convertirte en contable.
¿Hace falta pesar cada cosa que vas a comer durante el resto de tu vida? Vaya plan.
Registrar la comida puede servirte para aprender. Para descubrir qué cantidades estás comiendo, qué te sacia y dónde se te está escapando algo. El registro es una herramienta, no un examen diario.
Primero, un punto de partida.
Estimamos tus necesidades teniendo en cuenta tu actividad, el entrenamiento y el objetivo que buscamos. Después contrastamos esa estimación con lo que sucede de verdad.
Una calculadora no sabe por sí sola si llegas con hambre a casa, si trabajas de noche o si el reparto que propone te resulta imposible de seguir. Para eso tenemos que hablar y ajustar.
Después, comida que puedas repetir.
Organizamos proteína, hidratos y grasas en una estructura que tenga sitio en tus horarios y tus gustos. Las cantidades se adaptan al proceso; no tienes que comer como otra persona para que el plan parezca serio.
También trabajamos las sustituciones. Si cambias pollo por salmón, hay algo más que una diferencia de sabor. Si comes fuera, necesitamos un criterio que te sirva allí, no una hoja que solo funcione en tu cocina.
Con el tiempo se trata de que tomes mejores decisiones con menos esfuerzo. Si el registro deja de ser útil, cambiamos la herramienta.
Lo que un día no te cuenta.
Un día con más calorías no explica todo el proceso. Miramos la tendencia, el conjunto de la alimentación, tus medidas y el entrenamiento. Eso tampoco convierte la semana en una excusa para pasar hambre y luego compensar.
Aquí tienes un ejemplo con una hamburguesa del Goiko y el registro completo →
Puedes ver una muestra de las herramientas y pedirme acceso aquí →