Cambiar el físico sin convertirte en cocinillas.
Qué pereza tener que cocinar, pesar la comida, preparar los condimentos o hacer la compra.
Al final acabas antes comprando una lasaña en el Mercadona. Te la comes y aseguras que la próxima vez vas a cocinar algo sano y nutritivo. Esa próxima vez tarda en llegar.
Esto mismo le pasaba a David, empresario de marketing en Andorra. En seis meses pasó de tener michelines a verse más fino y atlético.

Muchos creen que el primer paso para cambiar su físico es volverse unos cocinillas. Que si no saben preparar arroz con pollo al punto, no hay progreso posible.
Pero hay otras formas de organizarlo. Algunos de mis clientes usan comida preparada.

Les indico qué pedir y cómo elegirlo para que encaje en las cantidades y el reparto de nutrientes que estamos trabajando. Así eliminamos una tarea que les estaba bloqueando.
Ellos delegan la comida como delegan otras partes de su negocio. No es obligatorio hacerlo así: la mayoría de mis clientes cocina. Es una opción para quien necesita resolver esa parte de otra manera.
El caso de los 16 kilos del documento era el de Jose, en España: los perdió en 180 días. También he trabajado esta organización con Ana, en Dubái, y David, en Andorra. Cada uno tenía un contexto y un plan distintos.
La cuestión no era quién cocinaba la comida. Era encontrar una forma de comer que pudieran mantener.